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.: MI DIARIO :.

Una tarde maravillosa

jueves, 29 de abril de 2010

La profesora nos mandó como actividad individual crear un cuento que tuviese un valor, después de dar muchas vueltas a la cabeza se me ocurrió hacer un cuento con el valor de ayudar a las personas que lo necesitan, creo que es un valor muy importante y pienso que hay que enseñarlo desde muy pequeños/as.

A continuación, podréis leer dicho cuento.



UNA TARDE MARAVILLOSA

Adrián, era un niño inquieto, despierto y hablador. Vivía con su abuelo, sus padres y una hermana un poco mayor que él.
Disfrutaba de las vacaciones navideñas y una de de sus tareas escolares consistía en leer un cuento y luego hacer un resumen. Mientras leía, no paraba quieto, comía caramelos, se rascaba la cabeza y tenía momentos en los que vivía con intensidad lo que su cuento de aventuras le relataba.
“¡Adrián!”, le llamó la hermana,” ¿Qué haces?...”
Estaba muy extrañada de los gestos que hacía su hermano, bajaba la cabeza, la movía de un lado a otro…
Y Adrián le contesto: “Nada, no hago nada, solo que sale el murciélago de la cueva de los ladrones y viene a por mí”. Su hermana solo hacía que reír, le hacían gracia sus fantasías.
Mientras tanto en la sala contigua estaba el abuelito, viendo la televisión. El niño comenzó a bostezar y dejo de leer para ir a una estantería donde estaba su game-boy, jugó durante un rato y cuando se canso, se le ocurrió algo que tenía pensado hacer si convencía a su abuelo.
Adrián corrió a la habitación donde estaba su abuelo viendo la televisión y… “¡Abuelo, abuelo!”, su abuelo dejó de ver la tv y dirigió su mirada hacia su nieto, Adrián le dijo: “Abuelo, abuelo, ¿quieres que vayamos al circo?” Su abuelo le dijo que si encantado. Abuelo y nieto se dirigieron hacía allí, al doblar la esquina, se podía apreciar a lo lejos la gran carpa del circo.
Sacaron las entradas y cuando se disponían a entrar, el niño dirigió la mirada hacia la derecha, donde se encontraba un mendigo. Adrián se quedó mirando su cara, sus ojos tristes, estaba pidiendo limosna y pasando frío. El niño le dijo al abuelo “Yo no necesito comprarme chuches, ya lo haré otro día” y le dejó encima de la manta dos monedas de un euro. Su Abuelo se le quedó mirando y le dijo: “Adrián estoy orgulloso de ti, recuerda, ayuda siempre a el que no necesite”.
Adrián y su abuelo se dirigieron al interior y comenzó la función. Salieron los payasos y el abuelo y el niño no pudieron dejar de reír.
Pasaron una tarde maravillosa y lo mejor de todo es que Adrián se convirtió en el protagonista de una buena acción.

Publicado por mi diario en 12:27  

Etiquetas: Didáctica

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